Críticas
Recomendación de Librosyliteratura.es, escrita por Roberto Maydana
El vigilante del fiordo, de Fernando Aramburu &
En Buenos Aires tengo (y en el ordenador aquí en España, por supuesto) unos 360 relatos de todo tipo: historias cotidianas, ficción, textos llenos de cursilerías, algún que otro cuento interesante, etcétera. Cumplir mi sueño de publicar un libro de relatos hizo que comience a corregirlos y a colocar en una carpeta aquellos que puedan considerarse buenos; de esos 360 escritos, solo pude seleccionar unos treinta, de los cuales seguramente descartaré otros diez. Es que más allá de mi obsesión por la corrección infinita, lo que ocurre es simple y concreto: escribir relatos no es fácil. A diferencia de una novela, donde se pueden rellenar espacios con descripciones y aventuras, en un cuento todo debe encajar perfectamente, porque cualquier fallo se nota más, porque gusta o no gusta. Recuerdo novelas que, al terminarlas, las definía así: “No me gustó demasiado, pero tiene fragmentos, capítulos y frases dignas de ser recordadas” De un cuento no se dice eso. Repito: te gusta o no te gusta. Funciona o no funciona.
Para mí, la gran mayoría de los relatos que Fernando Aramburu nos trae en El vigilante del fiordo, gustan. Funcionan. Alguno de sus relatos no me gustaron, pero eso sí, ninguno de ellos me dejó indiferente. Aramburu sabe contar, y eso se agradece mucho, ya que uno pone mucha ilusión antes de leer un cuento, y resulta muy difícil seguir leyendo si el primero o el segundo nos disgusta.
Es importante destacar que sus relatos abarcan diferentes temas, pero que en general uno va transitando por ambientes en los que las palabras sangre, muerte, ancianos, paso del tiempo, angustia y miedo, entre otras, siempre están presente de alguna u otra manera. Y eso es solo una parte, porque en el universo Aramburu, también nos encontraremos con conmociones íntimas de todo tipo, que van desde el dolor, pasando por el drama, la miseria, en síntesis, lo atroz y mucha veces absurdo de la condición humana; en Chavales con gorra, una pareja va de ciudad en ciudad escapando de alguien que los persigue; nunca sabemos quien o quienes son los perseguidores, (si es que realmente alguien les sigue los talones) pero la sensación que me dejó el relato es la de la capacidad del escritor para hacer comprender el miedo que puede poseer una persona al sentirse acorralado: terminé sintiendo que me seguían a mí, y todo en apenas cinco páginas. En La mujer que lloraba en Alonso Martínez, nos encontramos con un hombre que todos los días de la semana ve a una mujer en el metro; ella llora sin parar, siempre, pero el hombre no se atreve a hablarle, aunque tampoco puede dejar de pensar en ella, con las inevitables consecuencias que provocará en su corazón; ¿qué descubrirá si se anima a hablarle? El cuento, muy abierto, me dejó una sensación de angustia e impotencia total, además de una conclusión muy personal, relacionada con la tortura.
La decadencia social, el humor y la crítica a la iglesia se hacen presente en Mártir de la jornada, donde viviremos una jornada con un hombre al que le pasan todas las cosas malas, una detrás de la otra; no me gustó demasiado el cuento, pero me hizo reír un poco y sentir piedad. Como verán, con cada final de los relatos las sensaciones afloran, gracias a la capacidad de transmitir emociones que posee Aramburu; Mi entierro es el relato más corto del libro y cuenta la historia de un hombre que asiste a su propio entierro; termina rápido, al igual que la muerte al llegar, y uno se queda con ganas de más, como pasa con la vida; ¿morir será como lo cuenta este relato? Dios quiera que no...
Siguiendo adelante, nos encontramos con un relato verdaderamente excelente, divertido y romántico: en Nardos en las caderas un hombre y una mujer, ambos mayores de edad, son presentados luego de que su hija y sobrino, respectivamente, pactaran una cita por Internet; ninguno de los dos quiere saber nada acerca del encuentro, porque